Definición de Fondo buitre

La definición fondos buitres son fondos de capital riesgo que adquieren deuda de economía en problemas, próximas a la quiebra, para posteriormente presionar y cobrar íntegramente esa deuda, además de los intereses, sin atender a posibles quitas o reestructuraciones. Su campo de acción incluye tanto a países en crisis como a empresas con importantes problemas económicos.

El objetivo de los fondos buitres, también conocidos como fondos distressed o holdouts, tienen como objetivo la compra de activos con el menor precio posible y que en el momento de la venta, en un periodo corto-medio plazo, se pueda vender a otros inversores para alcanzar unas altas rentabilidades.

¿En qué consisten los fondos buitres?

Una explicación fácil de qué son fondos buitres puede ser las sociedades creadas con el propósito concreto de buscar compañías o gobiernos en situaciones económicas delicadas, que puedan comprarse a precios muy bajos. Consisten en inversiones de muy elevado riesgo, donde una vez que adquirido el activo tratan de reavivarlo para una posterior venta.




A diferencia de otros tipos de fondos de inversión, los buitre manejan por lo general patrimonios muy elevados. Pese a que su origen está localizado en Estados Unidos, su verdadera eclosión surge en Europa a partir de 2007 con la aparición de la crisis.

¿Cómo funcionan los fondos buitres?

Un fondo buitre se ocupa de comprar empresas o bonos de Estados cercanos a la quiebra, a un porcentaje muy inferior al de su valor nominal. Este tipo de sociedades, una vez que compraron el activo en situación delicada, tienen dos posibilidades. Por un lado acudir a foros internacionales para intentar cobrar el valor de los bonos en su totalidad o intentar reflotar la compañía con ánimo de venderla en el futuro.

También son conocidos los fondos buitres inmobiliarios, muy frecuente en los últimos años al hacerse estas sociedades con una parte de los pisos que tenían en su poder los bancos.

No se tratan de operaciones a largo plazo. La media de duración está entre los dos y los tres años, tiempo suficiente para comprobar si el proceso de reestructuración del activo ha sido rentable.

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